En busca del Tesoro

En busca del Tesoro

En la famosa película de Titanic, el capitán Lovett (el buscatesoros interpretado por el desaparecido Bill Paxton), estaba obsesionado con la búsqueda del tesoro “el Corazón del mar” (el diamante azul de Rose), pero una vez que conoce la historia de lo que ocurrió en medio del naufragio, se da cuenta de que estaba buscando el valor en el lugar equivocado.

El Lince ibérico es sin duda un tesoro fotográfico. Podría comparar incluso sus tremendos ojos verdes con el “Corazón del mar” de Rose. Muchos fotógrafos hemos madrugado, conducido, rastreado… hemos hecho largas esperas para conseguirlo. Pero en mi último encuentro con esos ojos, me ha pasado un poco como a Lovett.

Esta es Lava, una increíble lincesa de 11 años. El lince se ha salvado de la extinción por los pelos, pasando de apenas 90 ejemplares a los casi 2.500 censados hoy en día. Sin embargo su situación aún es delicada y por eso está muy controlado. Los ejemplares vivos están estudiados, identificados y algunos de ellos radio marcados con collar, como es el caso de Lava.

El patrón de sus manchas es como una huella dactilar que se mantiene a lo largo de su vida, y permite a los científicos identificarlos, fijándose en grupos de manchas en sus flancos, o en la parte posterior de sus patas.

La noche antes del viaje casi no podía dormir imaginando cómo sería el lince que tendría delante, y cómo lo iba a situar en mi encuadre, qué luz tendría, si estaría muy lejos o muy cerca… intentando asegurarme mentalmente el tesoro: mi fotografía de postal.

A la mañana siguiente, de camino a los escondites, nos contaron la historia de Lava, a quien probablemente veríamos y fotografiaríamos. Cualquier animal salvaje de 11 años de edad, ha demostrado ya solo con eso una extraordinaria resistencia. Pero si además eres una hembra, quizá lo has tenido un poco más difícil, en la descarnada lucha por la supervivencia. Cada lince vivo no tiene ni idea de que su especie haya estado al borde de la desaparición. Sencillamente, se dedica a hacer aquello para lo que ha nacido… en esencia: cazar, y reproducirse.

Sandokan (¡vaya nombre!) fue un macho que se cruzó en la vida de Lava, matando a sus cachorros para asegurarse su propia descendencia. Pero Sandokan  fue ajusticiado por Tamujar, un macho más joven que volvió a matar a los nuevos cachorros de Lava… aunque esta vez la lincesa logró engañar a la muerte y al destino, dejando a uno de sus cachorros al cuidado de Romántica, una de sus hijas. Así fue como se salvó de una muerte segura Alliyokoko (que significa “la superviviente” en swahili). Comoquiera que se acordó que los nombres de los linces de ese año empezarían por la letra W, esta nueva lincesa pasó a llamarse “Walliyokoko“.

Lava ha superado enfermedades, desnutrición, garrapatas, carreteras que dividen su territorio y machos agresivos que han matado a su prole para darle después otra nueva. Ha alimentado y sacado adelante a varias generaciones de nuevos gatos. Es un animal extraordinario, con una historia digna de mención.

Ahora, sus ojos verdes ya no son para mí solo pulidas esmeraldas.

Sus largos bigotes, parecidos a los de un macho, y los pinceles de sus orejas, ya no son solo el marco perfecto a una cara de portada de revista (de National Geographic, claro, no de una del corazón 😉 ).

Su piel adornada de manchas de mota fina y su caminar aristocrático ya no son solo signos de distinción y belleza.

Ahora, su mirada cansada, su abdomen descolgado y su lomo curvado por los muchos alumbramientos nos cuentan una historia de coraje y supervivencia.

Una historia más allá de la belleza. Más allá de las fotos.

Como Brock Lovett, arrojo mi puro de la victoria al mar y me prometo a mí mismo no olvidar nunca el valor de lo que significa ser fotógrafo de naturaleza.

 

 

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